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Guía para afrontar retos difíciles

Los retos no son difíciles ni fáciles. Solo son retos. La clasificación se la ponemos nosotros. Son asumibles cuando los acometemos con confianza, y se convierten en difíciles o imposibles cuando les añadimos el ingrediente del miedo.

Pon orden en tu vida 

  • Utiliza una libreta, en la que diariamente, apuntes, antes de comenzar tu jornada, las cosas que tienes programadas para ese día. Establece para todas ellas su grado de importancia y ordénalas según su prioridad para ti. A medida que vayas completándolas, táchalas. En poco tiempo, te habrás dado cuenta de que tu capacidad para organizar tus actividades ha aumentado, y lo habrá hecho en la misma medida que tu confianza para enfrentarte a los retos. Orden y confianza están muy relacionados.
  • Pon orden en tu casa: cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa. Elimina las zonas de almacenamiento (ropa por aquí y por allá, papeles por todas partes…) y acostúmbrate a tener tu hogar ordenado y recogido, además de limpio y aseado. Notarás que, a medida que pones orden fuera, también mejora el orden dentro: los pensamientos se aclaran y todo parece más fácil y diáfano (como es fuera es dentro).
  • Cuando tengas dudas sobre que elegir o hacia donde ir, anota en un folio (o medio electrónico) los pros y los contras de cada posibilidad. Pon a cada pro un valor (de 0 a 5) y haz lo mismo para los contras. Súmalos todos y opta por la alternativa que sume más pros y /o menos contras.Con la práctica, terminarás por no necesitar hacer esto. Tu capacidad para tomar decisiones al vuelo se habrá desarrollado automáticamente con este ejercicio.
  • Cuando estés pasando por una situación estresante, que te preocupa, que te angustia, pregúntate: «¿estoy segur@ de que esto tiene la importancia real que le estoy dando o me estaré pasando?, ¿qué pude ocurrir si simplemente dejo de preocuparme?
  • Aprovecha el poder de la escritura. Escribe sobre lo que te pasa. Tener un cuaderno donde vaciar tus pensamientos te ayudará a descubrir dónde está el meollo de la cuestión, a centrarte, a encontrar vías de salida y, lo más importante: te dará una visión más global y subjetiva sobre la situación.
  • Aprende a establecer metas. Ten objetivos, dale sentido a tu vida, ¿Para qué vives?, ¿para quién vives?, ¿qué buscas?, ¿qué te hace feliz? Es esencial vivir nuestras vidas con un sentido. Párate a pensarlo. No encontrarás tiempo mejor invertido que el dedicado a responder a estas preguntas.

Aprende a compartir 

  • Inicia un proceso revolucionario en tu vida: comparte tus estados de ánimo, tus preocupaciones, tus miedos. Elige con quién y cuándo hacerlo (no se trata de convertirte en un desinhibido). No lo hagas para que te den soluciones, sino, tan solo, por el placer que proporciona compartir la carga para aliviar el peso.
  • Aporta ayuda, apoyo e ideas a quién te lo solicite y cuando lo necesite. No intentes decir lo de siempre, lo estándar, lo esperado. No trates de dar ánimo o consejos sin más. Ponte en el lugar de la persona que te lo pide y piensa en cómo te sentirías tú en su lugar y qué te ayudaría.
  • Evita comportamientos unidireccionales, queriendo tener razón o tratando de imponer ideas a los demás. Comienza a realizar un cambio importante en tu manera de interactuar, permitiendo que las ideas de ambos se fundan para llegar a una visión conjunta. Escucha más y habla menos.

Gana confianza

  • Cuando veas una montaña delante de ti y no sepas por donde tirar, deja de pensar, deja de buscar. Tómate un tiempo, desconecta, sal al campo, pinta, escucha música. Haz aquello que te gusta y te relaja, lo que sea. Deja que tus preocupaciones se disuelvan mientras haces lo que te gusta. Con ello permites que tu mente inconsciente trabaje sin interferencias. Te asombrarán los resultados (la mente funciona sola y bien, si la dejamos tranquila y evitamos agobiarla con nuestras ansiedades)
  • Cambia tu visión. Céntrate en lo bueno de las situaciones, de las personas, en lo que aportan a tu vida, y evita centrar tu pensamiento en lo que no te gusta, en lo que rechazas. Aprende a construir, en vez de a destruir. Tu eres un mal adivino/a. No tienes ni idea de lo que va a suceder por mucho que lo imagines (en el fondo, ya lo sabes). Así que sé práctic@, construye tu vida sobre una visión optimista del futuro, esperando siempre que lo que ocurra será para bien (muchas veces la fortuna se disfraza primero de desgracia. Tenlo en cuenta).
  • Se agradecid@. Dedica un tiempo diario a pensar en todas las bendiciones que te rodean. En todo lo que ya tienes y no en lo que te falta, en las personas a quienes tienes algo que agradecer. Los pensamientos de carencia engendran más carencia, mientras que sentirnos agradecidos a la Vida por aquello de lo que disfrutamos, nos aportará más de lo mismo.
  • Cuando caigas en un pozo sin fondo, cuando la Vida golpee duro, pregúntate: ¿para qué puede servirme esto?, ¿qué se me está diciendo?, ¿qué camino me marca esto?, ¿a qué me obliga?, ¿qué evita que haga? Los para qué suelen traer respuestas sorprendentes. Pueden darle un sentido positivo y aprovechable a lo que nos pasa y nos proveen de estrategias ganadoras para salir con bien de las situaciones.

Publicado por J. Varela

Di carpetazo a mi profesión como ingeniero (ejerci durante muchos años), y ahora me dedico a otras actividades que me aportan mucha más satisfacción: naturópata, coach, escritor, músico y blogger.

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